jueves, 3 de abril de 2008

DIVERSIDAD CULTURAL E INTERCULTURALIDAD

BOLETÍN No. 5.c - Quinta Semana - Sábado, 29 de Marzo de 2008
Jorge Peñaloza, Lidia Martínez y Carmen de Peñaloza

Como parte de la Revolución Bolivariana vivimos en un mundo de relaciones culturales, sociales, económicas y políticas que se van definiendo progresivamente a medida que se desarrolla el proceso revolucionario. En él cada grupo social trae consigo las raíces culturales que son parte de su propia idiosincrasia. Igualmente producto de esas relaciones culturales vamos conociendo y asumiendo conciente o inconcientemente otras culturas que no pertenecen necesariamente a nuestras culturas originarias. Inmediatamente nos preguntamos ¿Hasta que punto ha sido respetada o aceptada esa diversidad cultural de la cual formamos parte a lo largo de nuestra historia? A su vez, ¿Son respetadas nuestras propias culturas en esa interrelación cultural? ¿Qué dice nuestra Constitución al respecto? ¿Cómo ver esta realidad desde la perspectiva de la Revolución Bolivariana? ¿Tiene alguna importancia estratégica la Interculturalidad para el proceso revolucionario en el contexto que actualmente vivimos? Son estas y otras interrogantes que tienen que ver con este tema las que buscamos abordar en el presente artículo, sabiendo que apenas abrimos una puerta que es necesario seguir profundizando por su inmensa importancia estratégica.

1. LA CULTURA COMO PUNTO DE PARTIDA

Estamos claras/os que no podremos entender lo que es "Diversidad Cultural" ni "Interculturalidad" si no definimos primero que estamos concibiendo por "Cultura". Para esto nos vamos a aprovechar de la definición realizada por Zuñiga, Madeleine y Ansión, Juan (1.997) a propósito de este aspecto. Al respecto ellos afirman lo siguiente:

"Por cultura podemos entender los modos de vivir o los modos de ser compartidos por seres humanos… Los humanos tenemos la capacidad de ir amoldando y transformando no sólo la naturaleza, sino nuestras propias relaciones con el mundo y nuestra propia forma de vivir".

Es importante señalar con relación a lo expresado, que estos modos de vivir o de ser no son algo estático, sino que son dinámicos, activos, implican procesos, que suponen cambios. Ellos mismos señalan que "a través de nuestra historia, hemos ido creando y modificando nuestra relación con el mundo en un proceso acumulativo y evolutivo hecho posible porque lo que creamos y aprendemos lo transmitimos también a nuestra descendencia sin necesidad de modificación genética". Siguiendo en esta línea encontramos también que la UNESCO en su "Declaración mundial de la diversidad cultural", define la cultura como "como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias" (UNESCO, 2001), en este sentido coincide con lo planteado por Zúñiga y Ansión en su definición.

La cultura supone también una relación con el mundo que nos rodea: con la naturaleza, con nosotros/as mismos/as, con los demás, con la trascendencia en forma colectiva. Esta relación se da a través de formas de mirar, de sentir, de expresarnos, de actuar, de evaluar. Son formas propias de mirar el universo, el cosmos, la creación, la naturaleza, que a su vez nos genera una manera particular de relacionarnos con ella y el contexto que la rodea. Además implica una manera compartida de mirarnos y entendernos a nosotros/as mismos/as y a los demás. Es a partir de ese mirar, sentir y expresarse que se crea la cultura en forma colectiva y se van originando nuevas maneras de relacionarnos. Zúñiga y Ansión (1997) señalan que "al asumir esta definición operativa de cultura, es importante recordar que una cultura se gesta al interior de los diversos grupos a los que los humanos se unen por diversas afinidades, sean éstas ideológicas, de clase, de credo, de origen territorial, de origen étnico, de edad, de sexo, etc. En estos grupos se generan y comparten modos de ser y hasta un lenguaje propio que son cultura". Más adelante señalarán que "la cultura no tiene existencia en sí misma, sino que se refiere a actitudes acostumbradas y a maneras de ser compartidas (dimensión social) de las personas en concreto (dimensión individual)". Esto es importante señalarlo porque es lo que nos da pie para poder entender mejor lo que es la diversidad cultural y la interculturalidad.

2. DIVERSIDAD CULTURAL E INTERCULTURALIDAD

Como seres que vivimos en relación, la cultura tenemos que verla también con esas características. No se da en el aire. Nuestras propias culturas entran de forma concreta en una relación dinámica con otras culturas. Nos damos así cuenta de que existe una diversidad cultural a nuestro alrededor, es decir, otras formas de percibir al mundo, la naturaleza, la relación consigo mismos y con los demás, con las cuales podemos o no coincidir en un primer momento o posteriormente. Así la diversidad cultural se presenta en espacios definidos donde coexisten grupos humanos con tradiciones culturales diferentes.

En este tipo de vinculación no siempre ha existido una aceptación y reconocimiento explícito de las influencias mutuas en las relaciones interculturales que se han dado. Para algunos grupos culturales, sobre todo el de las clases dominantes, les es difícil reconocer y asumir plenamente la riqueza potencial que representa la relación con otras culturas. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de influencias mutuas que no se han aceptado manifiestamente y que se han producido en medio de relaciones sociales jerarquizadas y de procesos de dominación y explotación. Miremos por ejemplo como se dio el proceso de conquista y colonización de nuestro continente, donde no solo no se reconocieron las culturas autóctonas y ancestrales que había, sino que además se buscó en muchas oportunidades eliminarlas o aniquilarlas para poder mantener la explotación y el control sobre las colonias por parte de los "conquistadores". Igualmente ocurrió con las culturas de origen africano que arrancadas a la fuerza de sus lugares de origen, vinieron a nuestro suelo y posteriormente con las afrodescendientes, que tuvieron que "guardar silencio" durante mucho tiempo y encubrirse culturalmente, sobre todo con la cultura de los conquistadores, para poder sobrevivir.

Esta dinámica social de dominación en la que hemos vivido ha propiciado un tipo de relación en la que tiende a imponerse una sola voz. Es una tendencia histórica homogenizante, culturalmente empobrecedora que, por intereses económicos, políticos y sociales, no asumió la diversidad cultural como riqueza y como potencial de desarrollo humano. El intercambio cultural por esta vía ha sido hasta ahora, desigual en provecho del "Primer Mundo", y del tipo de sociedad que ha originado, imponiéndonos incluso un sistema educativo formal e informal pretendidamente "Unicultural", en provecho de esa cultura única para justificar la dominación económica, política y educativa (Camacaro 2007). En el caso concreto de nuestro país fue imponiéndose, como hemos señalado, la cultura de las clases dominantes, incluso se valorizó más, sobre todo en el siglo pasado, las culturas foráneas, como por ejemplo la de Estados Unidos y Europa, las cuales fueron presentadas como el modelo a seguir, en detrimento de nuestras propias culturas. No se dio una relación de igual a igual, sino que se impuso la ley del más fuerte política y económicamente. Como consecuencia de esto nos encontramos con que culturalmente como país fuimos abandonando en muchos lugares nuestras propias culturas y como tal contribuyendo a su debilitamiento y posterior peligro de desaparición. Nos podíamos preguntar si han desaparecido nuestras culturas. Y aunque comprobamos que no ha ocurrido eso, nos damos cuenta que ellas se encuentran en un alto riesgo producto de un bombardeo mediático del propio sistema capitalista que nos quiere imponer "su cultura de consumo" y a seudo-respuestas que algunos líderes políticos han querido dar al problema, para seguir manteniendo sus intereses y que está contribuyendo al olvido de nuestras propias raíces.

Vista desde las circunstancias que hemos expresado ¿cómo puede verse entonces la Diversidad Cultural? ¿Cómo recuperar su verdadero sentido? ¿Como dar un verdadero valor a la interculturalidad?

La Diversidad cultural hay que verla de forma dinámica y al igual como lo hemos afirmado sobre la cultura, pensamos que ella no tiene existencia en si misma, sino como producto de la dinámica que genera. Cada grupo cultural en su relación con los otros tiene su propio movimiento. Este movimiento genera a su vez una relación cultural, donde si se cumplieran realmente las reglas de juego, cada una de esas culturas se presentaría tal cual es, dando su aporte, sin necesidad de ser ni acorralada ni desaparecida por otra u otras que se consideran más fuertes y que es lo que hemos analizado anteriormente.

Por eso nuestra Constitución Bolivariana (1.999), que plantea en su Preámbulo la búsqueda por establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural, señala en su artículo 99, entre otras cosas que " los valores de la cultura son un bien irrenunciable del pueblo venezolano y un derecho fundamental, que el Estado fomentará y garantizará" y más adelante, en el artículo 100, introduce el término de la "interculturalidad" afirmando que: "Las culturas populares constitutivas de la venezolanidad gozan de atención especial, reconociéndose y respetándose la interculturalidad bajo el principio de igualdad de las culturas".

Por lo que hemos ido analizando podemos concluir que puede haber una "diversidad cultural" en un determinado lugar o espacio, pero eso no implica necesariamente que se de una "interculturalidad". La interculturalidad, como muy bien lo señala nuestra constitución supone el principio y el respeto de la igualdad de las culturas presentes en ese espacio, en este caso, en nuestro país.

3. LA INTERCULTURALIDAD Y SU IMPORTANCIA ESTRATÉGICA EN LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA.

Ya hemos analizado lo que presenta nuestra Constitución Bolivariana con respecto a la Interculturalidad, sobre todo planteado en la línea del artículo 21 de la no exclusión social y en la búsqueda de una mayor integración y participación social, política y económica. En este sentido cuando el Presidente Chávez afirma que "para salir de la pobreza hay que darle más poder a los pobres", no se está refiriendo única y exclusivamente al aspecto político y económico, sino también al aspecto social y cultural. Una sociedad en la que todavía le cueste a muchos de sus dirigentes o de los que están en puestos de gobierno, reconocer, respetar y defender la cultura y el mundo de los sectores populares, no está todavía en el camino de convertir la interculturalidad como elemento revolucionario de cambio hacia el socialismo[1].

Retomando a Zúñiga y a Ansión (1997) afirmamos que la interculturalidad implica la actitud de asumir positivamente la situación de diversidad cultural en la que nos encontramos. Se convierte así en principio orientador de la vivencia personal en el plano individual y el principio rector de los procesos sociales en el plano axiológico social. Es por este sentido que consideramos que a muchos de los "dirigentes" de nuestro proceso revolucionario les hace falta todavía poder escuchar y ver los acontecimientos que están ocurriendo en el país desde la cultura de los sectores populares, meterse en "sus zapatos", caminar y sentir las cosas desde el lado del pueblo. En la línea de lo que estamos señalando, apoyándonos en estos autores, vemos que la interculturalidad como principio rector orienta también procesos sociales que intentan construir sobre la base del reconocimiento del derecho a la diversidad y en franco combate contra todas las formas de discriminación y desigualdad social relaciones díalógicas y equitativas entre los miembros de universos culturales diferentes. Según ellos, la interculturalidad así concebida, "posee carácter desiderativo; rige el proceso y es a la vez un proceso social no acabado sino más bien permanente, en el cual debe haber una deliberada intención de relación dialógica, democrática entre los miembros de las culturas involucradas en él y no únicamente la coexistencia o contacto inconsciente entre ellos. Esta sería la condición para que el proceso sea calificado de intercultural".

Orlando Camacaro (2007) de quien hacíamos referencia anteriormente, define por Interculturalidad "la posibilidad plena de avanzar y sostener un verdadero diálogo de civilizaciones, partiendo del diálogo intracultural, vale decir, a lo interno de los individuos que se comunican e intercambian experiencias en todos los ámbitos del quehacer colectivo". Si esto no se da realmente será difícil por no decir imposible, lograr cualquier cambio estructural que se pretenda realizar. Para él la interculturalidad representa hoy una apertura, que no se queda en el pluralismo político, económico, social y jurídico, como señalamos anteriormente. Según su apreciación "es un reencuentro con todas las civilizaciones, grandes, medianas o pequeñas, un dialogo de reconciliación con el universo, dialogo y afirmación de un derecho transgeneracional a un ambiente sano, sostenible y duradero, un dialogo y reconciliación del hombre consigo mismo, partiendo de un dialogo intracultural e intrapersonal que restablezca el lugar de las relaciones económicas dentro de la facultad humana y social de administrar bienes escasos del suelo sin detrimento de la continuidad de la vida y donde el alimento, no sea sólo lo que nos llevamos a la boca, sino todo aquello que pasa por la biodiversidad y los elementos naturales".

Vista desde la perspectiva de la Revolución Bolivariana observamos junto a Camacaro que "la Interculturalidad representa, no sólo una nueva forma de fundamentar la educación, sino también una forma de vida, de convivencia en la pluralidad cultural y étnica, en la tolerancia y el respeto mutuo, priorizando la cooperación sobre la competencia (subrayado nuestro), partiendo del modo de ser y de vivir de cada pueblo o grupo humano, del respeto a su identidad personal y colectiva". Por eso se enfrenta a esa visión unicultural, homogeneizante, deslegitimadora de otras culturas:

"Ya no se trata de preguntarnos si la clave de la identidad del venezolano está en el indio, en el mestizo, el negro o el europeo. Por el contrario se trata de superar visiones uniculturales, la clave está en la afirmación y valoración del individuo múltiple. De allí que ningún proyecto educativo, económico o religioso pueda justificar la uniculturalidad sino operativizar la interculturalidad como principio rector en los sistemas educativos, económicos, filosóficos, científicos, religiosos, artísticos y políticos".

Termina señalando que "La Interculturalidad tiene como principio buscar la participación de todos, sin discriminaciones de ningún tipo (subrayado nuestro), que refuerce la imagen que cada grupo, pueblo o nación posee y no la imagen de otro".

En consecuencia, no se podrá dar una verdadera interculturalidad revolucionaria si no existe el reconocimiento hacia el otro por parte de todas las culturas implicadas en el proceso. Este ha sido el planteamiento inicial de nuestra revolución. Sin embargo existe un peligro latente en el momento presente. Para nadie es un secreto que el Sistema Capitalista ante situaciones de crisis que afectan sus intereses busca reacomodar sus fuerzas para poder seguirse manteniendo. En el caso venezolano observamos como indaga además los posibles aliados tanto fuera como dentro del proceso revolucionario que puedan defender sus planteamientos neoliberales. Nos percatamos que aunque momentáneamente en los últimos años perdió espacios de poder por la Revolución Bolivariana, lentamente ha ido colocando de nuevo, dentro de los cuadros principales del Gobierno, personas afectas a sus intereses que buscan frenar los cambios propuestos por la propia Revolución en la persona del Presidente Chávez. Este grupo social lo reconocemos hoy como "La derecha Endógena" que tiene a su vez muchas similitudes con la derecha oposicionista: son parte de esa misma cultura dominante que no quiere reconocer al resto de las culturas sociales que viven en nuestro país como actores sociales y políticos del mismo. Son ellos los que desde adentro han ido torpedeando y desconociendo la participación popular, generando sus propias políticas burocráticas y frenando la acción Presidencial. Por eso no nos extrañe que este grupo fuera uno de los que no les convenía que se aprobara la Reforma Constitucional. Por esta razón afirmamos con preocupación que si en el momento actual que vive nuestra revolución, se siguen pensando las políticas, los cambios sociales y económicos bajo el planteamiento de esa cultura dominante, no se estará realizando ningún cambio estructural en el país, simplemente estaremos repitiendo con algunas reformas los mismos esquemas cuarto-republicanos que hemos estado criticando durante mucho tiempo. He ahí la importancia y lo estratégico de fortalecer en este momento la interculturalidad como uno de los elementos normativos del cambio que buscamos.

Cuando hoy vemos que esa derecha endógena, intenta por medio del dominio en la correlación de fuerzas, controlar la Revolución Bolivariana desde adentro, nos percatamos que se está buscando echar para atrás todos los logros de participación popular y protagónica de la población obtenidos en los últimos años por medio de ella, comenzando de esta forma a socavar internamente al mismo proceso revolucionario. Es una visión mezquina y empobrecedora que solo piensa en sus intereses particulares (de poder económico y político) y en los privilegios obtenidos en la mayoría de los casos a partir de la propia revolución, sin tener en cuenta ese pueblo a partir del cual se originó y creció el proceso revolucionario que estamos viviendo. A la vez le está haciendo el juego a los intereses trasnacionales del capital que quiere dominarnos de nuevo. De allí la importancia de ser conscientes a nivel de organizaciones populares de esta situación y buscar fortalecer los espacios donde el pueblo ha comenzado a tener un rol protagónico como son por ejemplo, los Comité de tierra, algunas misiones, los Consejos Comunales, organizaciones campesinas, obreras, estudiantiles y otro tipo de organizaciones populares. En ese reconocimiento intercultural, que no es limosna sino derecho, se juega el futuro de nuestra revolución. Si queremos construir el Socialismo del Siglo XXI, se hace necesario que redescubramos nuestras raíces, porque es a partir de ellas que podremos edificar esa nueva realidad intercultural que tanto soñamos.

REFERENCIAS:

*Ameigeiras, Aldo Rubén. Diversidad Cultural Latinoamericana: una aproximación desde el gran Buenos Aires. Fuente:http:/Juanfilloy.bib.unrc.edu.ar/completos/corredor/corredorf/comi-c/AMEIGEIR.HTM

*Asociación Bolivariana de Noticias (ABN). Lucha por la diversidad cultural es lucha contra el capitalismo: Opiniones del Ministro del Poder Popular para la Cultura Francisco Sesto sobre la reforma constitucional, publicada el 15/09/07.

*Camacaro, Orlando. Artículo 100: La Interculturalidad; publicado en www.Aporrea.org. el 10/09/07.

*Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela, 1.999.

*El Troudi, Haiman; Harnecker, Marta y Bonilla Molina, Luís. Herramientas para la Participación, elaborado con el apoyo de la Dirección del Despacho del Presidente, el FIDES, FONACIT, el Ministerio de Participación Popular y Desarrollo Social, la Universidad Bolivariana de Venezuela y la Misión Cultura, Caracas, 2005.

*UNESCO. Declaración Mundial de la Diversidad Cultural, aprobada en la 31ª Reunión de la Conferencia General, Paris, Noviembre 2001.

*Zúñiga, Madeleine y Ansión, Juan. Interculturalidad y Educación en el Perú. Foro Educativo. 1997.


[1] Al respecto recomendamos leer el libro elaborado por Haiman El Troudi, Marta Harnecker y Luís Bonilla-Molina denominado "Herramientas para la participación", elaborado con el apoyo de la Dirección del Despacho del Presidente, el FIDES, FONACIT, el Ministerio de Participación Popular y Desarrollo Social, la Universidad Bolivariana de Venezuela y la Misión Cultura en el 2005, donde se aborda entre otros aspectos las barreras que se presentan para la participación y como superarlas y que consideramos tienen que ver con el tema que estamos abordando; págs. 17-32.

Los artículos y notas aquí consignados responden a los criterios de cada autor(a) y no necesariamente están en total correspondencia con los principios u opiniones de Ecuvives como asociación

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3 comentarios:

dulce nava dijo...

La diversidad cultural refleja la multiplicidad e interacción de las culturas que coexisten en el mundo y que, por ende, forman parte del patrimonio común de la humanidad.

La diversidad cultural se manifiesta por la diversidad del lenguaje, de las creencias religiosas, de las prácticas del manejo de la tierra, en el arte, en la música, en la estructura social, en la selección de los cultivos, en la dieta y en todo número concebible de otros atributos de la sociedad humana

dulce nava dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
dulce nava dijo...

La diversidad cultural refleja la multiplicidad e interacción de las culturas que coexisten en el mundo y que, por ende, forman parte del patrimonio común de la humanidad.

La diversidad cultural se manifiesta por la diversidad del lenguaje, de las creencias religiosas, de las prácticas del manejo de la tierra, en el arte, en la música, en la estructura social, en la selección de los cultivos, en la dieta y en todo número concebible de otros atributos de la sociedad humana